Una esposa como Mical

«Volvió luego David para bendecir su casa; y saliendo Mical a recibir a David, dijo: ¡Cuán honrado ha quedado hoy el rey de Israel, descubriéndose hoy delante de las criadas de sus siervos, como se descubre sin decoro un cualquiera!» [2 Samuel 6:20]

 

Si hiciéramos una lista de las actitudes y conductas pecaminosas en que incurrió Mical en este versículo, entre las mas sobresalientes, podríamos encontrar las siguientes:

                • Orgullo
                • Altivez
                • Soberbia
                • Sarcasmo
                • Falta de respeto

Y también podríamos observar lo que perdió de vista:

                • La gloria de Dios
                • La importancia de la adoración a Dios
                • Su rol en el matrimonio

 

Puede ser muy ilustrador hacer un ejercicio en donde cada una enliste las diferentes formas en las que Mical actuó pecaminosamente en este pasaje; y las cosas que perdió de vista cuando lo hizo. Pero, para poder tener mayor provecho y beneficio espiritual de este ejercicio, ahora tendremos que dejar de juzgar la conducta de Mical para juzgar nuestra propia conducta.

Y para ello primero recordemos lo que dijo Mical:

«…¡Cuán honrado ha quedado hoy el rey de Israel, descubriéndose hoy delante de las criadas de sus siervos, como se descubre sin decoro un cualquiera!» [2 Samuel 6:20]

Lo primero que deben tomar en cuenta es que, en la mente de Mical, lo mas probable es que ella no se había propuesto determinantemente irrespetar, agredir, ofender o humillar a su marido. Es decir, no dijo en su mente: «voy a ir y ser mala con mi marido, y le voy a faltar al respeto, y lo voy a agredir, y lo voy a ofender y a humillar». No, lo mas probable es que esto no haya sido así. Tal cosa mas bien ocurrió derivado de lo que probablemente ella consideraba un esfuerzo legítimo por corregir lo que ella pensaba que era una conducta indecente en su marido el rey. Lo que produjo toda la catástrofe con la que, no solo terminó siendo castigada sino también siendo evidenciada para todo el resto de la historia humana, fue la manera en la que ella planteó su inconformidad. Y en ese sentido ninguna esposa está libre del peligro de caer en tal conducta sea cristiana o no.

Mical había amado a su marido, al menos en el pasado, según nos enseña la Escritura en 1 Samuel 18 y 19, incluso hasta le salvó la vida, y hasta enfrentó a su propio padre, el rey, para defenderlo.

David, por su parte, también guardaba un afecto muy especial por ella, tanto que, cuando Dios dio cumplimiento a Sus promesas de hacerle rey sobre todo Israel, lo primero que David pidió antes que el reino fue a su esposa Mical que le había sido quitada (2 Samuel 3:13). ¿No es esta una bella historia de amor? Como toda buena historia, tiene su lado trágico, pero al fin después de muchos años volvieron a estar juntos al fin.

Todo esto nos hace evidente que Mical no era muy diferente a todas las demás esposas; no era diferente a usted.

Sin embargo, hubo algún momento en el que su amor por su marido se enfrió, y junto con ello su respeto y su admiración por aquél hombre que una vez le pareció digno de su amor, confianza y sujeción.

Parece como si se hubiera vuelto una mujer cansada, insatisfecha, infeliz y ya solo enfocada en cumplir con el resto de sus labores caseras y terrenales y todo el amor y deseo que un día le profesó a su marido se habían esfumado. ¿No les suena esto familiar? yo espero que no.

Aún así no se le puede negar un cierto interés de Mical hacia su marido el rey: en su mente, ella no quería que el rey «se viera mal» delante de sus criados. Pero todo lo que había en su corazón, mas todo lo que no había, se combinaron para que, en una situación que seguramente era ‘importante’ para ella, de su boca salieran las palabras que leímos. No podemos saber si escogió sus palabras para referirse a su marido, pero claramente expresó unas muy malas y en el peor momento.

En sus palabras, como vimos, podemos encontrar:

  • Orgullo: Ella consideraba su opinión incluso más acertada e importante que la de su marido. Ella no estaba dispuesta a guardárselo, ella no estaba dispuesta a quedarse callada, después de todo, ella era la reina, ella hacía mucho por el palacio, ella tenía que ser escuchada. ¿No es usted también tentada a menudo en estas cosas? La elevada estima que tiene de usted misma y la baja estima que llega a tener de su marido ¿no le llevan a estallar como lo hizo Mical?
  • Altivez: Este componente, aunque es típico de quienes se consideran de alta alcurnia, también es producido por otra clase de ventajas como la belleza, los logros académicos o profesionales, o simplemente el discurso moderno de «valorarse una misma». No estamos diciendo que nadie se debe valorar, sino que nos referimos a esa conducta autoindulgente y autocompasiva de que, aunque no se tengan ventajas terrenales, se tiene a sí mismo, y eso le resulta suficiente para estimular su amor propio. Esto sin lugar a dudas da lugar a la soberbia.
  • Soberbia: La excelente opinión que Mical tenía de sí misma seguramente le hacía sentir que estaba por encima de las demás esposas de David. Ella había sido una princesa, cosa que ninguna de las otras mujeres podía decir, pero su condición alimentó su soberbia, y ésta le elevó aún por encima de su marido para dirigirse a él sin la honra y el respeto que el representante de Cristo en el hogar requiere. Sí querida hermana, una de las cosas que usted olvida cuando se pone «al tú por tú» con su marido es que usted se está sublevando contra el representante de Cristo en su hogar (cf: 1 Corintios 11:3).
  • Sarcasmo: El sarcasmo se caracteriza por ser la burla mal disfrazada de elogio. Es una forma medianamente sutil de burlarse de alguien en su presencia sin que se tome como una provocación directa. Es claro el sarcasmo en las palabras de Mical: «…¡Cuán honrado ha quedado hoy el rey de Israel, descubriéndose hoy delante de las criadas de sus siervos, como se descubre sin decoro un cualquiera!»Es evidente que Mical tenía una opinión, tenía algo que decir al respecto, sin embargo, como muchas mujeres tienden a hacer, parece que esperaba que su marido adivinara lo que ella tenía en la mente, o que siguiera sus reglas de ‘etiqueta’ que eran importantes para ella cuando seguramente nunca le había hecho una sugerencia cordial y respetuosa. Como dijimos antes, ciertamente Mical tenía una observación que hacerle a su marido, algo que consideró en él (en sus propios estándares) indigno. Pero, si de verdad David había hecho algo indigno, o hasta indecoroso, ¿no debía haber encontrado el momento y el lugar oportuno para hacerle ver su error en cordialidad y amoroso respeto? ¿Cómo se acerca usted a su marido cuando nota una conducta indecorosa o desagradable en él? ¿Descarga todas sus frustraciones y vierte en él todas las piedritas del morral que ha ido llenando? Parece que Mical así lo hizo, y le faltó el respeto a su marido.
  • Falta de respeto: El apóstol Pablo, luego de dar una larga lista de mandamientos para los maridos, concluye su discurso del capítulo 5 de Efesios diciendo: «…y la mujer respete a su marido.» Mical había dejado de ver a su esposo no solo como su autoridad sino también como su amado. Ya no era aquél a quien amaba su alma; a quien extrañaba y ansiaba ver regresar a casa. Sus palabras fueron burlonas e hirientes, además de exageradas. Los eruditos están de acuerdo en que ese «descubrirse» no era hasta la desnudez, sino que solamente se retiró sus ropas reales para andar en una túnica de lino como la de los sacerdotes. Así que Mical, así como la serpiente en el Edén, recurrió a la exageración de las circunstancias para hacer parecer legítimo su punto. Ni Dios había prohibido comer de todo árbol ni David se había despojado de todas sus ropas. Pero Mical estaba enorgullecida, su corazón estaba lleno de altivez, y descargó toda su insatisfacción con su marido hasta llamarlo «un cualquiera», en la versión castellana. Mientras Sara llamaba a su marido ‘señor’ (cf. 1 Pedro 3:6), Mical llamaba al suyo ‘un cualquiera’. ¿Cómo llama usted a su marido? ¿En qué estima le tiene en su corazón? Entre mayor sea la estima en que usted le tenga en su corazón, mayor será su respeto y trato cordial hacia él.

 

Una de las cosas que agravan la acción de Mical es que lo hizo cuando su marido, después de entregar su adoración y servicio a Dios, fue a ‘bendecir’ su casa. Digamos que David estaba por iniciar los deberes religiosos en su propio hogar cuando su mujer «le saltó a la cara» con un ataque menospreciativo. Cuán desmoralízate es eso para su esposo, y cuanto desmedro produce en la adoración familiar; pero, sobre todo, cuanto desprecio manifestó a la adoración de Dios, tanto pública como privada. Tal vez fue por esa muestra pública de desprecio hacia su marido que dice el versículo 23 que nunca le dio hijos al rey en toda su vida.

Pero ella no solo tornó un tiempo de adoración privada, que se suponía era para la bendición espiritual familiar, en una manifestación de soberbia y rebeldía de corazón atacando la autoridad puesta para dirigir tales deberes piadosos privados, sino que también atacó la adoración pública criticando menospreciativamente la práctica de la adoración y servicio que su marido había a Dios tachándola de vulgar e indigna. Tal vez fue por esa muestra pública de desprecio hacia su marido que también ella fue evidenciada públicamente ante todo el auditorio de la humanidad en toda la historia desde entonces y hasta cuando el Santo Espíritu determine preservar la Escritura.

Así que, queridas hermanas, grandes son las admoniciones halladas en este pasaje para todas las esposas. Y más para aquellas que más gracia han recibido por la Providencia a través de sus maridos.

Nuestro buen Señor nos conceda aprender de los errores de Mical para no repetirlos en nuestros propios hogares.

La Gracia sea con todos nosotros!

Iglesia Bautista Reformada Gracia y Verdad

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